Excepto por tres o cuatro momentos divertidos, el resto del tiempo sucumbe en un guión ridículo encajonado en una sucesión de historias predecibles y sin interés

★☆☆☆☆ Pésima

Fuga de cerebros

El director Fernando González Molina da el paso a la gran pantalla con esta comedia intrascendente. La original historia radica en que un lelo debilucho (Mario Casas) está pérfidamente enamorado de la chica más atractiva e inteligente del instituto (Amaia Salamanca). Justamente el día en que se iba a declarar a su amor platónico, se entera que su chica viajará al extranjero, gracias a una beca, para estudiar en una de las universidades más prestigiosas del mundo: Oxford University. Con este original planteamiento, nuestro protagonista acompañado por sus colegas variopintos –un minusválido, un ciego, un gitano y un “líder” sin muchas luces– que conforman el extravagante grupo de los “marginados” del barrio, viajará en busca de la chica rubia.

Con sus notas mediocres no les queda otra que falsificar los documentos para ir a la universidad extranjera. El título de la película es lo único que me sigue dando vueltas a la cabeza, no sé a que viene, pues la pandilla protagonista no destaca por su alto coeficiente intelectual, por lo que entiendo que se refiere a su falta de masa encefálica. Pero de ser así, tampoco entiendo a quien va dirigido, si a los protagonistas o a los guionistas de tal desaguisado. La historia llega a ser plomiza, y sólo se salva por tres o cuatro momentos divertidos, el resto del tiempo sucumbe en un guión ridículo encajonado en una sucesión de historias predecibles y sin interés.

El tirón mediático de los jóvenes actores –sobre todo la pareja protagonista– y la inclusión con calzador de actores conocidos en el panorama español, unido a una historia típica de las malas comedias americanas, han conseguido un éxito en taquilla sorprendente. Me alegro por ellos, sólo espero que con los estrepitosos beneficios inviertan un poco más en sus siguientes producciones; por mucha imaginación que se tenga, la Renfe no llega a Oxford, o al menos eso creía.

Lo mejor: Mario Casas y Alberto Amarilla.
Lo peor: Un guión con pocas luces.
publicado por Miguel de Diego el 15 junio, 2009

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