La historia no es nueva, la ambientación (el wrestling) quizás si, pero la película logra convencer por lo bien tratada que está en todo momento, por parte de su director y sus intérpretes.

★★★☆☆ Buena

El Luchador

La peli está protagonizada por un tipo que se ha zampado enterito a Mickey Rourke e interpreta a The “Ram” Robinson, un luchador profesional de wrestling medio retirado que en algún momento llegó a ser toda una estrella de lo suyo, pero que, a día de hoy, ya en el crepúsculo de su carrera, sobrevive trajinando cajas en un supermercado y haciendo algún que otro bolo los fines de semana con otras viejas glorias como él. Esto del wrestling es la lucha libre esa amañada que un servidor consumía, en su tierna infancia, las mañanas de los fines de semana en telecinco, por donde pululaban personajes del calibre de Hulk Hogan, El último guerrero (mítico el combate entre estos dos pájaros), los sacamantecas, Jimmy Estaca Duugan o el inefable Macho Man, todos ellos auténticos aspirantes al premio Nobel de física. Pero centrémonos en la película, que ya me estoy empezando a liar y me despisto.

Total, que el hombre ya va teniendo una edad y teniendo en cuenta las hostias que ha ido recibiendo a lo largo de su vida (en sentido figurado o no, como ustedes prefieran) el cuerpo le empezará a pasar factura, lo que provocará que empiece a reflexionar sobre como ha llegado al punto en el que se encuentra, solo y durmiendo en una carabana, con la única amistad de una streaper (la novia del primo de Vinny) y teniendo que luchar contra el rechazo frontal de su hija (la que fuera novia de Marilyn Manson). Es evidente que los años no pasan en balde para nadie, pero, ¿que puede hacer un luchador que no puede seguir luchando?.

La peli está dirigida por el señor Darren Aronofsky, director peculiar donde los haya, que se dio a conocer con Pi; me estremeció (y ralló a partes iguales) con Réquiem por un sueño; se le fue la pelota con La fuente de la vida; y que tiene en preparación una nueva peli con la Portman de protagonista y el remake de Robocop (algo que, probablemente, le hará tanto bien a su carrera como a mi un puño en la cara). En el apartado interpretativo encontramos la (enésima) resurrección de un difícilmente reconocible Mickey Rourke, un tipo que ha trabajado con gente como: Michael Cimino (La puerta del cielo, Manhattan Sur), Barry Levinson (Diner), Francis Ford Coppola (La ley de la calle), Adrian Lyne (9 semanas y media), Alan Parker (El corazón del Ángel) o Robert Rodríguez (El Mexicano, Sin City). Todo un icono de lo que significa auge y caída en Hollywood y a quien le han llovido las buenas críticas por su interpretación en ésta película, a pesar de que no lograra llevarse el Oscar. A su lado encontramos a Marisa Tomei, popular por ganar uno de los Oscars más surrealistas de la historia y que ha intervenido en películas como The Papper, Sólo tú, Cuando salí de Cuba, Four Rooms, En que piensan las mujeres, En la habitación, Alfie, Factotum o Antes que el diablo sepa que has muerto; y Evan Rachel Wood, quien se dio a conocer en Thirteen y tiene pendiente de estreno la nueva del maestro Woody Allen.

La película cuenta con un punto a favor de valor incalculable: un personaje de los que hacen época, que se convierte en el eje central sobre el cual se va construyendo la película. De echo es tan importante, que la cámara se dedica a seguirlo, sin más, y provoca que, en buena parte de las escenas, simplemente veamos su ancha espalda. Y es que los personajes en horas bajas son de lo más atrayentes en el mundo del cine (y si son de buen corazón y amigos de los niños más todavía) aunque, personalmente, siempre he preferido los que optan más hacia la autodestrucción que hacia la autocompasión, como es el caso. Pero para lograr que el personaje funcionara también se debía encontrar a un actor adecuado que encarnara al protagonista y la elección de Michey Rourke termina siendo de lo más acertada, logrando clavar los dos registros, básicos, de los que hace gala el prota: jodido y muy jodido. Además a este tipo de personajes, si les acompaña una streaper y/o prostituta, pues mejor que mejor y, nuevamente, Marisa Tomey resulta ser un nuevo acierto, logrando ser un contrapunto fantástico.

Por lo demás, la película, que hace gala de una austeridad, buscada, para ofrecernos la máxima proximidad posible con nuestro protagonista, se dedica a hacer un retrato (más que contarnos una historia en concreto) de alguien que se ha convertido en un juguete roto (toma metáfora sobada) y que intenta salir adelante pese a las adversidades (las adversidades, como casi siempre, vienen provocadas por el paso del tiempo). La historia no es nueva, la ambientación (el wrestling) quizás si, pero la película logra convencer por lo bien tratada que está en todo momento, por parte de su director y sus intérpretes.

Resumiendo: Nueva vuelta de tuerca sobre un héroe caído en desgracia, de gran dirección e interpretación.

Lo mejor: Mickey Rourke
Lo peor: Escaso factor sorpresa
publicado por Jefe Dreyfus el 25 junio, 2009

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