“Enemigos Públicos” se beneficia de una sola, importantísima cosa: el gigantesco carisma de Johnny Depp

★★★☆☆ Buena

Enemigos Públicos

Decir que ver por fin “Enemigos Públicos” ha sido una decepción no sería justo, más que nada porque ya sabía a lo que iba. Y es que, con las películas de Michael Mann, sólo suelen haber dos categorías de espectadores en el cine: los que nunca han visto una película suya (y no saben qué esperar), y los que sí lo han hecho (y, por tanto, les gusta su cine). Porque, no nos engañemos, Mann es un director de extremos: o te encanta su cine, o lo detestas, sin medias tintas (excepto, quizá, “El último mohicano”, que gustó a más gente). Pero es que la película tenía tan buena pinta que quise olvidar que a mí nunca me ha gustado el cine de Michael Mann (me aburrí soberanamente con “Heat”, y Tom Cruise me pareció tan mal como siempre en “Collateral”).

Dicho esto, añadir que “Enemigos Públicos” no es una mala película; de hecho, tiene un arranque bastante espectacular, con la fuga de la penitenciaría de Indiana orquestada por John Dillinger (Johnny Depp), y el posterior encuentro y ligue de éste con Billie Frechette (Marion Cotillard). Si peca de algo, es de lo que, a mi entender, pecan siempre las películas de Michael Mann: un guión lleno de agujeros, y una insostenible frialdad.

Cuando digo que el guión de “Enemigos Públicos” está lleno de agujeros me refiero, lisa y llanamente, a que no hay una historia que contar. No hay un hilo narrativo que nos lleve a través de la historia de Dillinger, o de los hombres que le dieron caza; la historia se limita a diversos set-pièces (Dillinger con sus hombres, Dillinger con Billie, Dillinger robando bancos, todo salpicado por los esfuerzos del naciente FBI por atraparle) que en ningún momento dan la sensación de encajar para contarnos una historia, sino que simplemente se nos van mostrando sin más. Sin duda, Mann es un director competente, y un buen planificador de escenas, pero es un mal guionista, y no parece darse cuenta de ello.

El segundo problema, la frialdad, es otro problema endémico del cine de Mann. No hay manera de que el espectador se meta en la historia, o de que empatice con los personajes de la misma; es como si un muro de hielo separara al espectador de lo que está viendo. Y es que, aunque se nos intenta presentar a John Dillinger como un tipo simpático a la par que canalla, no hay manera de que el espectador lo vea como algo cercano: es frío, distante, todo está diseñado, planteado y mostrado de una forma casi quirúrgica, quizá con excepción del personaje de Marion Cotillard, que es la que más viva parece del reparto.

En contraposición, “Enemigos Públicos” se beneficia de una sola, importantísima cosa: el gigantesco carisma de Johnny Depp. Él solito, a pesar de los defectos de la película, la sostiene sobre sus hombros sin despeinarse jamás, otorgando toda su dosis de chulería, magnetismo y talento al personaje de John Dillinger, el villano convertido en héroe de la historia (pues no olvidemos que, a fin de cuentas, Dillinger es un tipo perfectamente capaz de matar a sangre fría sin pestañear siquiera), que, automáticamente, consigue caernos muchísimo mejor que el teórico bueno de la película, el tristón y soso agente Melvin Purvis (Christian Bale). Y es que a Christian Bale se le está empezando a caer la careta: nos lo quisieron vender como un actor excelente y camaleónico, cuando lo cierto es que es simplemente correcto y, lo que es peor, siempre hace el mismo tipo de papel: el de aquí es el mismo personaje que el de “El tren de las 3.10″, el mismo de “El Nuevo Mundo”, incluso el mismo que “Batman Begins” y “El Caballero Oscuro”. Personalmente, la mejor interpretación de Bale la encuentro en la infravalorada “El Truco Final (El Prestigio)”, e incluso ahí tiene que enfrentarse a un Hugh Jackman que está mejor que él.

Pero, como decía, Depp barre la pantalla a ritmo de huracán, acompañado, eso sí, por una troupe de secundarios que están todos magníficos, desde los más relevantes Marion Cotillard (excelente, humana, viva: la escena de la paliza que recibe a manos de uno de los agentes de Purvis pone los pelos como escarpias) o Billy Crudup (que interpreta a un joven J.Edgar Hoover que ya apunta maneras de lo cabronazo que iba a llegar a ser), hasta los más discretos Giovanni Ribisi (un tipo que está siempre bien, haga lo que haga) o Lily Taylor (sorprendente como sheriff femenina en plenos años ‘30). Sólo por eso, creo que “Enemigos Públicos” es una película que merece la pena ser vista, eso sí, con paciencia y siendo conscientes de lo que se va a ver.

Para finalizar, sólo una sugerencia: ¿podría alguien decirle a Michael Mann que deje de una puñetera vez la cámara al hombro, aunque sólo sea para librar a los hipermétropes de un enorme dolor de cabeza? Sería todo un detalle por su parte.

Lo mejor: Una vez más, Johnny Depp. Y, de rebote, Marion Cotillard
Lo peor: Es imposible seguir el hilo de la historia, porque tal hilo no existe
publicado por Judith Romero Ruiz el 15 agosto, 2009

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