A pesar de sus carencias, sus deficiencias, su absurdo guión y sus obvias licencias hay muchos aciertos en Pagafantas. Borja Cobeaga dibuja una corta comedia con los medios a su alcance y mucho guiño a Muchachada Nui en forma de frases y situaciones

★★★☆☆ Buena

Pagafantas

El ataque de la comedia adolescente española puede que no sea tan malo, bueno, entiéndanme, si, Pagafantas es una zafia y absurda comedieta de enredo con cierto toque tontorrón no quita un cierto mérito de cara a reciclar el público de las salas de cine. En esta ocasión recurren al noble arte del eterno amigo, ese muchacho tontorrón y bobalicón que está condenado a ser el amigo que aguanta carros y carretas a toda chica que conoce condenado a sujetar velas, aguantar llantos y solucionar problemas. El Pagafantas es un ser atemporal que puede tener veinte años o sesenta, es lo bonito del Pagafantas, su continuidad en el tiempo y espacio y las nuevas generaciones que vienen pisando fuerte.

Nuestro protagonista en esta ocasión es Chema un bilbaíno cazurro que acaba de romper con su novia de toda la vida y arrastra as u mejor amigo de bar en bar para encontrar una sustituta decente y recuperar la vida sentimental cuando aparece Claudia, una guapísima argentina que aprovecha sus lapsus con el alcohol para convertirlo en su mejor amigo mientras el muchacho pretende conquistarla de forma torpe y descuidada con los consejos de su “falso tío”, un antaño Pagafantas que sigue en activo.

Borja Cobeaga dibuja una corta comedia con los medios a su alcance y mucho guiño a Muchachada Nui en forma de frases, situaciones, personajes, cameos y demás. El director vasco ha recurrido a alguna anécdota que ya estaba presente en sus cortos para concretizar el primer largo protagonizado por Gorka Otxoa (el alumno de autoescuela de Cuestión de Sexo) y que se estrenó con éxito en el Festival de Málaga con el beneplácito del premio de la crítica.

A pesar de sus carencias, sus deficiencias, su absurdo guión y sus obvias licencias hay muchos aciertos den Pagafantas. El primero es no pecar de un metraje indiscriminado y ceñirse a “lo que da de sí”, es decir, poco más de una hora de duración. No fuerza excesivamente las situaciones y no pretende ningún clímax dramático enlazando situaciones disparatadas y poco creíbles que serán del agrado de todos los espectadores adictos a la comedia de poco fuelle. Completa el reparto con una redonda pareja madura con los rostros y el saber hacer de Óscar Ladoire y Kiti Manver.

Lo mejor: Los momentos documentales y las gloriosas frases de hacer la cobra, el abrazo del koala y la postura del lemur, ya clásicos.
Lo peor: Su autoconsciencia de rendir culto a la nueva comedia americana.
publicado por Ana Belén Pacheco el 28 septiembre, 2009

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