Absurdamente pulp, salvajemente divertida: una de las películas de zombies más redondas de todos los tiempos.

★★★★★ Excelente

Dead snow

"Dead Snow", tercera película del director noruego Tommy Wirkola, empieza con una genialidad: un ataque zombie, rodado casi en total penumbra, al ritmo de la contagiosa melodía "En la gruta del rey de la montaña", del "Peer Gynt" de Edvard Grieg, que dicho así puede que no os suene, pero que, al oirla, se identifica perfectamente.

A partir de ahí, todo es cuesta arriba. "Dead Snow" es, con casi total seguridad, una de las películas de zombies más redondas de todos los tiempos (con permiso del maestro Romero): acelerada, absurdamente pulp, salvajemente divertida, y sin pretensión alguna. No esperéis un guión trascendente (es más, no esperéis un guión, más allá de los trazos más básicos), ni unos efectos especiales deslumbrantes: "Dead Snow" está hecha con un presupuesto limitado (probablemente más alto que una película noruega al uso, pero aún así bajo), y no sólo no se avergüenza de ello, sino que se regodea en su condición. La habilidad de Wirkola a la hora de retrasar el momento de la aparición de los zombies en todo su esplendor hace que, cuando por fin se muestran, el público ignore sus obvias carencias técnicas (en un momento dado llega incluso a verse cómo han olvidado maquillar la mano de uno de los actores que hacen de zombies) para prorrumpir en una estruendosa salva de aplausos, extasiado ante lo que se ha estado insinuando, pero no ha podido ver bien, hasta ese momento.

Wirkola, que se hizo famoso en su país con su muy particular parodia/homenaje al "Kill Bill" de Tarantino, titulado "Kill Buljo: The Movie", utiliza su negrísimo sentido del humor para conectar con el espectador, y a fe que lo consigue: la complicidad que se establece entre el director y su público, a base de carcajadas y situaciones absurdas es total. Escenas como aquella en la que uno de los personajes se enfrenta a varios zombies él solo (de manera espectacular a la par que hilarante), para acabar tuneando su moto de nieve con una de las ametralladoras nazis, provocan en la platea aplausos, risas y silbidos. Porque sí, "Dead Snow" es una película para ser vista en grupo, dispuestos a hacer el cafre, reír y no tomarse nada en serio. Resulta una experiencia absolutamente gratificante, y una sale del cine con la sensación de haber pasado un rato estupendo en un absurdo y delirante circo de tres pistas, un poco pobretón, cierto, pero no por ello menos entretenido y divertido.

Otro detalle que caracteriza a "Dead Snow" es la rendida admiración de Wirkola por "Posesión Infernal", película de la que homenajea tantos momentos (y lo hace tan bien, qué demonios) que, a ratos, se diría que es un remake inconfeso de la genial obra de Sam Raimi. El espectador familiarizado con la película sabrá encontrar referencias a ésta por docenas, empezando por la referencia que el freak cinéfago (personaje indispensable en este tipo de historias) realiza a los diez minutos de empezada la película, y terminando por la identificación de quien termina siendo el protagonista real de ésta, cuando la película abraza ya sin tapujos su condición de hija bastarda de "Evil Dead" y acumula tal cantidad de referencias por minuto que el espectador está a punto de pensar que el bueno de Ash va a aparecer en cualquier momento de detrás de un árbol y coronar la función con un cameo sorpresa. Lástima que Bruce Campbell no hable noruego (supongo).

Película freak donde las haya, excelente muestra de que el fantástico europeo es, hoy día, el más imaginativo, fructífero y rentable del mundo, "Dead Snow" es lo que todas las películas de zombies deberían ser: una divertidísima y salvaje gamberrada, capaz de hacernos reír incluso horas después de haberla visto.

Lo mejor: Su negrísimo sentido del humor, y su falta de pretensiones.
Lo peor: Que se acabe.
publicado por Judith Romero Ruiz el 12 octubre, 2009

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