Las comparacones son odiosas, e inevitables, y el juego de Olivier y Caine tiene todas las de ganar

★★★☆☆ Buena

La Huella

Hace unos años, por cuestiones de azar, llegó a mí un DVD en cuya carátula estaba escrito La huella. Y al lado del título, los nombres de dos grandes de la interpretación: Michael Caine y Laurence Olivier. Sin dudarlo, durante el fin de semana lo metí en el reproductor y disfruté de algo más de dos horas de inquietante cara a cara interpretativo en medio de una historia de intriga, con mil recovecos y giros de guión que me sorprendieron y se quedaron grabados en mi memoria.

En 2007 miro la cartelera y me llevo una gran sorpresa: esa película que tanto me sorprendió en su momento ha vuelto renovada al cine. En lugar de Olivier y Caine, el duelo interpretativo será entre el mismo Caine (aunque en el papel contrario al que jugó en 1972) y Jude Law, juventud, frescura y maestría en la interpretación. La curiosidad me llevó a caer de nuevo en las garras de La huella, aunque sin poder librarme de las dudas que me impone cualquier remake.

La base de la obra de teatro de Anthony Shaffer se mantiene en la versión que en 2007 dirigió Kenneth Branagh, el duelo interpretativo sigue en cotas muy altas, por supuesto, pero se ha perdido algo. Los giros, los recovecos, los detalles del guión de 1972 se han quedado en el camino.

Un hombre llega a la casa de otro. Pronto sabremos la finalidad de la visita: pedir al dueño de la casa que conceda el divorcio a su mujer, amante del visitante, para que pueda rehacer su vida. Pero el dueño de la casa le propondrá un juego un poco peligroso: robarle unas joyas en lo que sería un crimen perfecto, sin rastro, robo con el que los dos saldrían ganando. Sin embargo, nada será lo que parece y las circunstancias se irán enredando para terminar en una especie de partido de tenis en el que no se sabe quién será el ganador hasta el último momento.

Excelentes interpretaciones, buena banda sonora y ambientación, buena dirección y juego de cámaras. Pero mejor no comparar con la versión de 1972. Las comparacones son odiosas, e inevitables, y el juego de Olivier y Caine tiene todas las de ganar.

Lo mejor: Recuperar una historia como esta y las interpretaciones de Law y Caine
Lo peor: Se ha perdido algo en el camino desde la película original: su frescura, sus recovecos y su impacto. Y a Laurence Olivier, por supuesto
publicado por Natalia Marcos el 16 octubre, 2009

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