Ha vuelto la Ciencia-ficción. Al menos, la seria, la que no busca el impacto visual sino el emocional. Y aquí hay suspense y hay una trama de altura. Sencilla y fascinante. Debut formidable de Duncan Jones…

★★★★☆ Muy Buena

Moon

Cosechadoras de gas en la cara oculta de la luna. Hay que ser hijo de David Bowie y haber visto en casa astronautas tomando café en la cocina para imaginar Moon y luego filmarla. O hay que haber visto cien veces 2.001, una odisea en el espacio o Blade Runner o Solaris o haberse leído las crónicas del Asimov más ameno. Major Tom andaba por allí. De resultas de esta alegre zarabanda de cosmonautas nace Duncan Jones, el director de Moon, su ópera prima, la mejor película de ciencia-ficción del siglo XXI. Philip K. Dick, que es el pater familias de todo este caos metafísico, sobrevuela una historia absorbente, que fascina por su limpieza narrativa y por desplegar un tipo de suspense al que no estabábamos acostumbrados desde que los replicantes comían arroz chino bajo la lluvia.
Resulta penoso (o resulta lógico) que la única vía que le queda a la filosofía en el cine siga siendo la ciencia-ficción. Moon escudriña de nuevo las preguntas fundamentales que se hace el ser humano. A algunas les da respuesta la religión; a otras, la ciencia. Entre la fe y la razón, hurgando en una y en otra, está Sam, que es un minero galáctico, una especie de eremita tecnológico al que han contratado para satisfacer las altas demandas de helio-3, la energía del futuro, la única posible, y que de pronto comienza a cuestionar la realidad. La de Moon sucede en un menos aséptico de lo esperado cubículo cósmico. En ella suceden más cosas que en muchas películas del género que recorren distancias siderales.
Aunque quizá lo verdaderamente importante en Moon es la denuncia de la absoluta falta de principios morales que gobierna esta sociedad en la que vivimos o en alguna otra cerniente. La ciencia-ficción es un género fantástico para contarnos las cosas que nos suceden por dentro en el paradójico atrezzo del universo, en ese espacio negro y puro, infinito, en el que el hombre tal vez habla consigo mismo y encuentra las respuestas con las que no da en la sórdida, impura y rutinaria Tierra
Lo mejor: Sam Rockwell. El fantástico argumento.
Lo peor: Que no se aprovechen más las posibilidades del desenlance.
publicado por Emilio Calvo de Mora el 25 octubre, 2009

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