Durante el primer minuto nos hace pensar: «»Éste es otro Almodóvar»». Pero rápidamente se desvanece esta súbita buena impresión porque nos damos cuenta de que vamos a presenciar no sólo una película mala sino también su «»making off»»

★★☆☆☆ Mediocre

Los abrazos rotos

LA MAZAMORRA DE ALMODÓVAR

        La presentación de Los abrazos rotos, al estilo del cine clásico americano de los años 40 o del cine de la posguerra italiana, nos hace presagiar una película seria que nos puede interesar. "Éste es otro Almodóvar", pensamos durante el primer minuto de la cinta. Pero rápidamente se desvanece esta súbita impresión porque nos damos cuenta de que vamos a presenciar no sólo una película mala sino también su "making of" porque se empeña en mostrarnos su propia inconsistencia. La película mala que rueda Mateo Blanco, el alter ego de Almodóvar, se titula: Chicas y maletas.

        Asistimos pues a los avatares de un director de cine que se vuelve ciego en un accidente. Las situaciones son tan burdas y tópicas como las de un cómic aburrido, lleno de traiciones e hipocresías domésticas dignas de un programa del corazón de la telebasura nacional. El colorido también es de reality show nacional llamado castizamente "marujeo", donde Almodóvar se mueve con soltura.

        Cuando mi madre decía "este pastel no tiene consistencia" es que era insulso. Los abrazos rotos no tiene consistencia, es insípida. Más que con un pastel habría que compararla con una mazamorra de consistencia y color indeterminados.

        Ni los amores de Lena (Penélope Cruz), ni la ceguera de Mateo (Lluis Homar), ni el misterio de Judit (Blanca Portillo), ni los celos de Ernesto Martel (José Luis Gómez), ni la venganza de su hijo Ernesto (Rubén Ochandiano, con un extraño aire a David Trueba), nos logran conmover. También hay que decir que los amores de la aspirante a actriz no tienen su origen en sentimientos demasiado profundos sino en intereses artísticos-comerciales; que al director de Chicas y maletas no le molesta su ceguera más que un orzuelo en cada ojo; que el enigma que desvela la esposa resignada al final de la película lo sabe hasta el más tonto desde el principio excepto su propio hijo que pone cara de cumpleaños al enterarse; que el rico productor es un personaje de telenovela venezolana, y que su hijo homosexual lo odia y trata de vengarse de él por razones no aclaradas suficientemente.

        Entre las escenas hay de todo. Al lado de unos pocos aciertos como el de la lectora de labios, hay muchos "homenajes" narcisistas a sus propias películas y a algunas situaciones absolutamente banales. Hay una escena a favor de la medicina privada que parece subvencionada por las clínicas del famoseo millonario, aunque debe tratarse de un tópico más en los que Almodóvar cae frecuentemente. Una escena, la de la discoteca, podría haber sido sacada de una obra de teatro escolar. También hay mucho sexo servido crudo y sin condimentos, para contentar al personal.

        El único personaje creíble es Ángela Molina, pero esto se debe a que Ángela Molina resulta convincente haga lo que haga.

        Esta película, por no tener, no tiene ni humor. Si quisiéramos salvar algo, serían las imágenes aéreas de Lanzarote que podrían formar parte de un buen documental sobre la isla. Todo lo demás, como los pasteles sin consistencia que decía mi madre, está saturado de colorantes cinematográficos.

Leopoldo de Trazegnies Granda

Lo mejor: Al lado de unos pocos aciertos como el de la lectora de labios, hay muchos
Lo peor: No tiene consistencia, es insípida. Más que con un pastel habría que compararla con una mazamorra de textura y color indeterminados.
publicado por Leopoldo de Trazegnies Granda el 31 octubre, 2009

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