Volando voy, volando vengo (por el camino yo me entretengo).

★★★☆☆ Buena

Up in the air

Corren malos tiempos, amigos. La crisis económica a nivel mundial que estamos padeciendo hace estragos y aunque algunos se aventuran a pronosticar que durante este inicio de dos mil diez ya empezaremos a ver la luz al final del túnel, la gente no se fía y muchos son los que temen perder sus puestos de trabajo. El cine, desde sus orígenes, siempre se ha nutrido de este tipo de “realidades sociales” para abastecer sus películas aunque, en esta ocasión, parece haberles cogido a todos un poco a contra pie (probablemente estuvieran excesivamente ocupados buscando nuevas secuelas, precuelas, enésimas partes o el último fenómeno literario del momento en el que poder invertir sus dineros). Uno de los primeros en hacer saltar la liebre ha sido Jason Reitman con su Up in the air.

La película empieza con unos títulos de crédito en los que el espectador podrá sobrevolar diferentes paisajes a vista de pájaro (o de avión, como ustedes prefieran), a la vez que suena una elegante canción en la que predominan los instrumentos de viento (una broma del director, sin duda) y unas finas lineas blancas van separando las vistas en las que en ocasiones se juega contraponiendo el campo y la ciudad. Sin duda alguna unos títulos de crédito muy elegantes y funcionales, aunque, confieso, me tuvieron, durante toda su duración, expectante para ver si empezaba a sonar la melodía de la serie Dallas, cuya cabecera me recordaba poderosamente. El protagonista de la película viaja mucho en avión y, cada vez que llega a una nueva ciudad, aparece sobredimensionado su nombre en grandes letras sobre la pantalla. La primera ciudad a la que llega el protagonista es, precisamente, Dallas (lo que acabó confirmando mi idea de que el sr. Reitman es un cachondo).

Decíamos que el protagonista (Batman 4) viaja mucho, siempre cogiendo vuelos, durmiendo en hoteles y sin tiempo para estar en casa. Y todo esto es debido a su oficio: despide gente. Bueno, no directamente eso. Digamos que se dedica a realizar “recortes presupuestarios” para empresas, que como eufemismo está bastante conseguido. Además también realiza conferencias para los empleados sobre como apretarse el cinturón y todas esas cosas. Vamos, que mientras a la gran mayoría de empresas les va fatal, en la suya están de vacas gordas.

De hecho, les va tan bien el negocio que su jefe (Teen Wolf 2) optará por instalar un nuevo modelo para su trabajo: el video despido, o, lo que es lo mismo, despedir a la gente vía pantalla sin necesidad de desplazamientos innecesarios a empresas en localidades remotas. La brillante idea corre a cargo de su joven empleada estrella, lo que molestará sobremanera a nuestro veterano protagonista, más favorable hacia un tipo de despido más humano y cercano. Además, el nuevo modelo de trabajo le obligaría a prescindir de los desplazamientos y le forzaría a quedarse más en un hogar al que no pertenecerse, junto a una pareja que no tiene ni desea y a una familia con la que perdió el contacto hace tiempo. ¡Y para colmo estaba a punto de lograr los diez millones de millas frecuentes de vuelo! Todo un reto personal. Digamos que no es un hombre muy de hacer lazos sentimentales estables. Él es más de ser libre. Él es más de… volar.

Total, que el jefe confía mucho en su joven empleada estrella, pero es consciente de que le faltan tablas y también confía mucho en su veterano empleado, pero es consciente de que le falta abrirse a nuevas ideas, así que los juntará y los mandará de viaje para que aprendan el uno del otro (especialmente la primera, que será lista como una ardilla, pero está un poco verde) con la intención de perfeccionar su nuevo proyecto. Así pues, sin comerlo ni beberlo, ya tenemos servida, lista para degustar, una nueva “extraña pareja”.

El director de Up in the air es Jason Reitman, que ha adaptado la novela homónima de Walter Kirn (que tampoco es que fuera un bombazo literario, precisamente). A Jason Reitman lo conocemos por ser el hijo del director de Cazafantasmas y por haber dirigido las comedias ácidas Gracias por fumar y Juno (que ganó el Oscar al mejor guión original y obtuvo tres nominaciones más, entre las que se incluyen la de mejor película y director). Todo parece apuntar a que, si sigue la proyección actual, el hombre llegará lejos.

El protagonista absoluto de la cinta es George Clooney, un actor que a lo largo de su carrera ha mostrado tres tipos de registros interpretativos: 1. El galán (Un romance muy peligroso, Ocean’s eleven); 2. El desfasado (Bienvenidos a Collinwood, Los hombres que miraban fijamente a las cabras); 3. El galán desfasado, bueno, el que suele interpretar en las pelis de los Coen (O Brother!, Quemar después de leer).

Además de a Clooney, en la película también podremos encontrar a Vera Farmiga (la madre de La huerfana); a Anna Kendrick (una de las que sale en la saga Crepúsculo) auténtica sensación del film y perfecto contrapunto cómico a Clooney; y a Jason Bateman (quien ya había trabajado a las órdenes del director en Juno).

No cogí la película yo con muchas ganas al principio, todo sea dicho, y quizás fuero por mi falta de pretensiones por lo que la película, en su primera mitad, me enganchó plenamente. Después de un principio algo dubitativo, donde básicamente se dedican a presentarnos al cínico personaje de Clooney, su estilo de vida y lo encantado que está de conocerse, entra en escena su contrapunto en la película, la joven empleada con ganas de comerse un mundo que apenas conoce. Es por eso por lo que deberá unir esfuerzos con el personaje de Clooney, quien se verá obligado a hacerle un cursillo intensivo de como despedir empleados. A esta primera mitad, de una hora de duración, le sigue una segunda mitad donde nuestro protagonista debe volver al hogar y la película, al igual que el personaje que interpreta Clooney, se resiente demasiado por el hecho de no estar entre aeropuertos. En este punto la peli aumenta en romanticismo y ñoñería por mucho de que constantemente se esté jugando con la moraleja de “cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad”. A pesar de todo se medio aguanta y no hay un desplome masivo, con lo que se llega al final de la película con buen sabor de boca. Además, gracias a la película se pueden aprender cosas del estilo: ¿que cola debemos escoger en el aeropuerto para no tener que esperar en exceso? ¿la respuesta? ¡Vean la peli!

Lo mejor: Cuando la peli ronda los aeropuertos.
Lo peor: Cuando la peli toma tierra.
publicado por Jefe Dreyfus el 13 enero, 2010

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