Una historia de orígenes, que se preocupa menos por el quién y más por el cómo, y que nos trae una historia de aventuras, romance y épica dirigida al público adulto

★★★★☆ Muy Buena

Robin Hood 2010

Tras unos años en que, si bien había dirigido algunas películas notables (“American Gangster”, “Red de mentiras”), parecía haber perdido el favor del público, Ridley Scott ha vuelto a lo que mejor sabe hacer: cine de entretenimiento con un toque de distinción. El director de “Alien” y “Blade Runner” ha saltado de la ciencia ficción al cine histórico como medio para contar las historias que quiere y, excepto en el caso de la desangelada “El reino de los cielos”, lo ha hecho con resultados notables.

Para su visión personal del muy británico mito de Robin Hood ha contado con su actor fetiche, su cómplice y, posiblemente, el que mejor ha sabido entender al Scott del siglo XXI: Russell Crowe. Sin embargo, para aquellos que auguraban un “Gladiator 2″ -en base al aspecto físico de Crowe, idéntico al de la oscarizada película, y a ciertos momentos del trailer-, hay que decir desde ya que eso no es así. El Robin Longstride de “Robin Hood” poco tiene que ver con el Máximo de “Gladiator”: aquí, Crowe se nos antoja más cercano, menos mito y más hombre que en la del vengativo gladiador romano. Y la verdad es que se agradece.

Del resto del reparto, destacar, cómo no, a la siempre estupenda Cate Blanchett, que incorpora a la lady Marian más guerrera que jamás haya paseado por el mito; en manos de Blanchett, lady Marian deja de ser la doncella en apuros para cantarle la caña a todo aquél que le lanza una mala mirada: desde el sheriff de Nottingham a sir Godfrey (Mark Strong), pasando por el mismo Robin (antológico ese “si me tocas, te capo”). Sin embargo, otros actores de probada solvencia como William Hurt o el ya citado Mark Strong están apáticos -algo especialmente evidente en el caso de Hurt- y sin fuerza para llevar a cabo unos personajes que, especialmente en el caso de Strong, deberían ser mucho más de lo que son. El pabellón de los villanos lo salva Oscar Isaac, joven actor guatemalteco que ya destacó en “Ágora”, y que aquí compone a un Juan Sin Tierra que se mueve entre la veracidad histórica y la caricatura disneyana del “Robin Hood” animado (1973).

Todos ellos están arropados por el buen oficio de Ridley Scott, quien firma una cinta enérgica, que no pierde el ritmo en ningún momento y que, si bien no está a la altura épica de “Gladiator”, sí es una más que digna cinta de aventuras, y una estupenda elucubración de cuáles pudieron ser los orígenes de un personaje tan conocido, y a la vez tan misterioso, como Robin Hood. Sin los niveles de violencia de su predecesora visual, sí cuenta con un par de espléndidas batallas que abren y cierran la película, filmadas con un pulso que pocos realizadores de hoy día tienen, y con un ambiente esencialmente violento que se ajusta a ese estilo híperrealista que envuelve toda la película. En el “Robin Hood” de Ridley Scott hay suciedad -en un momento determinado, un personaje sugiere a Robin que se dé un buen baño, porque apesta-, sangre y brutalidad, pero también espacio para la risa, el enredo amoroso (será mi vena girlie, pero toda la forma de llevar la relación entre Robin y Marian me encantó) y la intriga política. A ese ambiente “sucio” ayuda la fotografía seca y cortante de John Mathieson, mientras que la música de Marc Streitenfeld, si bien algo clasicona y sin llegarle ni a los talones al extraordinario trabajo de Hans Zimmer y Lisa Gerrard para “Gladiator”, es más que decente, y ayuda a realzar el epicismo de la película.

No vayáis, pues, a ver “Robin Hood” esperando las clásicas aventuras del forajido en mallas, ni tampoco una versión romántica del mito como la filmada por Kevin Reynolds en “Robin Hood, príncipe de los ladrones” (1991); el “Robin Hood” de Ridley Scott es una historia de orígenes, que se preocupa menos por el quién y más por el cómo, y que nos trae una historia de aventuras, romance y épica que, por una vez, está dirigida al público adulto y no a los adolescentes admiradores de crepúsculos y cosas por el estilo. Que, la verdad, se agradece en los tiempos que corren.

Lo mejor: Que Ridley Scott haya vuelto por sus fueros
Lo peor: William Hurt
publicado por Judith Romero Ruiz el 14 mayo, 2010

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