«»Debo descansar un poco, estoy exhausto. Esto de ser inteligente, cansa.»»

★★★★☆ Muy Buena

La cena de los idiotas

En septiembre de este año se estrenará en España el remake de "La cena de los idiotas" (en julio lo hará en EEUU). A falta de ideas, pues seguimos copiando. Sin embargo, dicho remake me deja algo descolocado. Las comedias americanas de última hornada son el polo opuesto a la peli que quiero criticar hoy. A día de hoy, no me puedo imaginar una comedia americana que no base sus gracietas en lo burdo (que no absurdo) y lo zafio, por supuesto. Sin embargo, "La cena de los idiotas", versión 1998, me ha hecho reír. Y mucho además. Y sin necesidad de que nadie intente hacer nada con una tarta de manzana, o cosas por el estilo. Además, no sólo hace reír, sino que además te hace reflexionar…por eso me extraña un poco este remake. Me da algo de miedo, tanto si es una copia milimétrica, lo que sería una vergüenza, o si los cambios efectuados puedan causar un destrozo en la obra original…el tiempo nos dirá.

Entrando en materia, que me suelo ir por las ramas, la peli nos cuenta la historia de unos millonarios que organizan una cena todos los miércoles, llamada "cena de idiotas", la cual consiste en que cada uno lleve consigo a un idiota para, evidentemente, reírse de ellos. Gracias a un amigo, Pierre Brochant consigue al mejor idiota imaginable. Según él, "el campeón mundial de los idiotas", François Pignon, cuyo gran logro es construir maquetas de grandes monumentos a base de cerillas. Pero las cosas no saldrán como el "bueno" de Pierre tiene planeado…

Tras esta cruel premisa (hay que ser cruel para organizar cenas así…aparte de estar extremadamente aburrido, claro), se esconde el verdadero triunfador, un ingenioso guión, que nos dibuja infinidad de escenas y conversaciones tronchantes, y todo dentro de una cotidianeidad que lo hace todo más creíble, más cercano. No es para nada una comedia exagerada, a pesar de la idiotez extrema de nuestro entrañable François Pignon. No cae en excesos de ningún tipo, ni en los gags repetitivos. Y por supuesto, no cae en la zafiedad en ningún momento. Ni falta que hace. Además, como comentaba más arriba, entre sonrisa y sonrisa te va invitando a reflexionar…¿quién es el auténtico idiota? ¿Qué es lo que realmente nos hace idiotas? ¿O qué nos da derecho a juzgar quién es idiota y quién no lo es? La gran escena del amigo de Pierre Brochant, Solo Leblanc, riéndose a carcajada limpia de nuestro desdichado millonetis podría ser un buen inicio para responder alguna pregunta. 

Lo dicho, una comedia más que recomendable (casi imperdible me atrevería a decir). Historia atractiva, guión ingenioso, duo protagonista memorable (grandes Thierry Lhermitte y Jacques Villeret). Una gran mezcla. Nuestro idiota desaconseja mezclar alcohol con medicamentos. Pero, sinceramente, me parece mucho más peligrosa la mezcla de la crueldad con el dolor de espalda, añadimos a una mujer deprimida y un ex-amigo, con unas gotitas de Hacienda, y un gran chorro de idiotez. ¿Qué nos queda? La comedia del año.

Lo mejor: El guión, las actuaciones...
Lo peor: Que dure tan poco...
publicado por Augusto Hernandez Gonzalez el 21 mayo, 2010

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