Si consideramos que en la cinta más sobrecogedora de todos los tiempos no hay ni un solo susto y si consideramos que, por contra, hoy en día todas las anodinas películas de terror se empeñan en basarse en sustos, se deduce una conclusión: algo falla.

★★★★★ Excelente

El exorcista

No se puede aportar ningún dato más que no se haya dicho de esta obra. Hay libros enteros dedicados a este tema. Si preguntamos a mucha gente cuál es su película de terror preferida, te responderá El exorcista. Es más, si inquirimos cuál es su película preferida, sea cual sea el género, todavía muchos seguirán contestando, sin dudar: El exorcista. ¡Y ojo! Estamos hablando de una producción de 1973… Nada menos. Ello demuestra que ni la tecnología actual, ni los avances informáticos, ni la irrupción del terror japonés, ni nada de nada, ha logrado superar hoy a lo que la imaginación creó hace casi 40 años.

Todos tenemos miedo de la temática abordada por Friedkin: el demonio, la posesión diabólica. Muchos sentimos aún pavor cuando se va la luz, o cuando nos hallamos solos en casa y en una habitación oímos un ruido, o cuando de pronto huele a azufre. Nos aproximamos a esa habitación y por la ranura de la puerta nos horroriza vislumbrar la figura de una niña sentada tiesa en la cama, mirándonos de frente con un rictus de maldad en los ojos.

Ella era Regan, esa niñita risueña que se metamorfoseaba en el mismo diablo, profiriendo toda clase de blasfemias y clavándose un crucifijo en la vagina. El diagnóstico de su enfermedad confundía a la ciencia y hasta a la iglesia. Dicotomía secular. Al final, toda una caterva de prestigiosos médicos no sabía cómo diantre curar a la demacrada paciente y remitía a la madre, Chris McNeil, hacia los curas, los padres Karras y Merrin, quienes decidían oficiar un terrible exorcismo.

Las escenas que recorren todo el filme impactan al espectador de un modo espeluznante. Por este motivo, se puede afirmar que a día de hoy todas, o casi todas, las películas que se firman de terror, heredan algo del inolvidable El exorcista: ya sea el maquillaje; los espasmos (véase la cutre La posesión de Zulawski); o bien la historia casi entera (como en Stigmata, 1999). Todo el cine posterior a la obra de Friedkin le toma prestados guiños, cortes, pedazos, escenas, frases y blasfemias antológicas, como si todos los directores de cine crean que robando esa pizca de demonio Pazuzu lograrán contagiar a sus mediocres producciones de la genialidad del clásico de los setenta.

Lo que ellos no saben es que imposible decir dónde demonios depositó Friedkin tanto terror, en qué lugar de la obra lo escondió. ¿Dónde estaba el secreto? La solución la intentan hallar rompiéndose la cabeza la infinidad de directores de cine que desean asustarnos con sus bodrios de terror cinematográfico que, en realidad, no son de terror, sino de suspense, gritos, sangre, subidas repentinas de la música, golpes de sonidos y, al cabo, revisitación de tópicos. A mí me parece que estas personas se dicen a sí mismas: ¡Voy a hacer una producción aterradora: le he embutido más de 10 sustos! Sin embargo, el terror de El exorcista no puede diseccionarse en partes para meterlo en un frasquito de cristal y hurtarlo, como estos autores quieren. El auténtico miedo debe ser un clima que recorra toda la obra (verbigracia Alien, el octavo pasajero o La cuarta fase), no una sucesión de sobresaltos. Un clima, una historia, una tensión dilatada a lo largo de dos horas: eso es terror. Si consideramos que en la cinta más sobrecogedora de todos los tiempos no hay ni un solo susto y si consideramos que, por contra, hoy en día todas las anodinas películas de terror se empeñan en basarse en sustos, se deduce una conclusión: aquí hay algo que no va bien…

Uno de los aciertos más relevantes de Friedkin fue dotar a la obra de un gran realismo deudor de la novela de Peter Blatty (más terrorífica, si cabe, que la película y en la actualidad descatalogada y casi imposible de encontrar en España, lamentablemente).

Si la película la hubiera rodado Kubrick, como quiso la Warner Bros, hubiésemos tenido seguramente otra obra maestra de Stanley, pero no El exorcista que se convirtió en todo un movimiento de culto y un clásico imperecedero.

 

 

 

publicado por Francesc Canals Naylor el 10 julio, 2010

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