Frears realiza la comedia que hubiera dirigido Woody Allen si hubiera nacido en las Islas Británicas.

★★★☆☆ Buena

Tamara drewe

Pistoletazo de salida del festival de Sevilla 2010 con la última película de Stephen Frears. De las que más interés ha despertado por ser la adaptación a la gran pantalla de uno de los cómics del año: "Tamara Drewe". El tebeo de Posy Simmonds, ha causado sensación en el Reino Unido y, gracias a su estilo literario, se le considera más como una novela gráfica que como un cómic.

Frears realiza la comedia que hubiera dirigido Woody Allen si hubiera nacido en las Islas Británicas (y estamos incluyendo las que Allen ya ha realizado en Inglaterra). Lo digo porque la película tiene ese humor realista, cercano al tono judío del director neoyorquino, cargado de diálogos brillantes, con transfondo intelectual y con un poso de amargura. Todo esto, pero con la mirada de un cineasta como Frears, esencialmente británico. Las frases cortantes, las actrices con cara de pájaro y el cinismo característico huelen a pastel de carne o a verduras cocidas más que a perritos calientes.

Y eso que el director inglés ha sido el típico profesional que ha trabajado a caballo entre su país y Estados Unidos, entre obras personales y otras más comerciales. Tamara Drewe se puede considerar de las primeras, aunque la fiel adaptación al cómic, según lo poco que hemos podido leer del tebeo (adjuntamos una imagen de los dibujos y, más adelante, otra de la misma secuencia en el filme) puede haber distorsionado su propia visión de la trama:

En un pueblecito perdido de Inglaterra vive un matrimonio que regenta una especie de albergue para literatos. Nicholas, el marido, es, a la vez, un novelista de éxito y un adúltero empedernido. Las continuas infidelidades proporcionan material a los escritores que allí viven (la presentación de los personajes puede ser de lo mejor de la cinta). Esta vida “apacible” se rompe cuando llega a la aldea una joven periodista que quiere vender su casa. Tamara Drewe hace su aparición para descontrolar todo lo que ya estaba descontrolado. Con una nariz nueva -y un nuevo novio, el batería de una banda de rock- la despampanante Tamara hará que cambien las cosas para que ya no vuelvan a ser iguales en la granja de escritores.

Frears se arma de frases que remata con un lejano mugido o un quiquiriquí, perros que asustan al ganado, dos niñas insoportables que hacen algo más que ser el coro de la película, y todo tipo de situaciones cómicas para conseguir que el público no deje de sonreír; cosa que logra en el arranque y en la conclusión, pero que se queda en un intento cuando desarrolla el/los conflictos.

Sin embargo, es de agradecer la división que el director hace de los personajes. Hay dos bandos claros: los perdedores/sufridores y los capullos. En el primero, se sitúan Beth, la mujer de Nicholas; Andy, el jardinero enamorado de Tamara (pero de la Tamara con perfil picassiano); y Glen, el escritor fracasado. En el segundo, Nicholas, el especialista en poner los cuernos; Ben, el batería rockero; y Jody, una de las odiosas niñas y fan enfermiza de Ben. Hasta los animales se alían con un bando determinado (vacas y perros, esencialmente). Y en medio de todos ellos, huyendo del maniqueísmo propuesto, Tamara Drewe y su conflicto de narices.


Hablamos de la distorsión provocada por el reflejo del cómic, y nos referimos a cuando Frears se empeña en dividir la pantalla o en incidir en los gestos exagerados de los actores en ciertas escenas clave (en especial las repelentes adolescentes), pero también a la estructura telegráfica en los cambios de secuencias, donde el montaje se convierte en protagonista; y el director se esconde tras él.

Por tanto, irregular largometraje de Stephen Frears, con un primer tercio más que brillante y una resolución a la altura del arranque, pero con un desarrollo estructurado en las cuatro estaciones, por momentos bajo de ritmo. Eso sí, ayudado con una excelente fotografía, limpia, de la campiña inglesa.
publicado por Ethan el 5 noviembre, 2010

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