¿para qué sirve un oso?

La gente suele echarle en cara al cine español que dedica demasiados esfuerzos a la producción de películas sobre la Guerra Civil y a las comedias. Dejando de lado el primer punto, centrémonos en el asunto de las comedias, aprovechando que el viernes pasado tuve la oportunidad de ir a ver ¿Para qué sirve un oso? en la mejor de las compañías.
Sí que es cierto que el cine español se caracteriza en un amplio porcentaje por sus películas cómicas. Pero la tipología es muy grande. Podemos ir desde la caspa cansina de Torrente y su saga hasta las comedias musicales como Al otro lado de la cama, pasando, claro está, por esos films de suave hilaridad, bienintencionados y cuya pretensión no es ni más ni menos que la de entretener durante una hora y media (loable objetivo, por otra parte).
La película de Tom Fernández se inscribe dentro de este último grupo, tal y como hiciera en su anterior trabajo, La torre de Suso. Y, como hizo en aquella ocasión, pone en juego unos recursos similares para congraciarse con un público lo más amplio posible sin caer en la zafiedad, en el exceso o en el sarcasmo brutal. Un humor de andar por casa, aseadito, que no molesta a nadie y que peca de ser un poco demasiado blandito.
Por supuesto, el mayor activo de esta película es su elenco. Los dos protagonistas son Javier Cámara y Gonzalo de Castro. Encarnan a dos hermanos, ambos dedicados a la ciencia, que se ven embarcados en la búsqueda quijotesca de un oso en un bosque asturiano. Se trata de dos actores muy dotados para la comedia (en general para casi todo…), y llevan sin ningún problema el peso de la película. Despliegan habilidad en los diálogos, dominio de los gestos y una gran química entre ellos. Les acompañan una Emma Suárez siempre estupenda, dos actores jóvenes con una previsible subtrama y la inevitable niña de siempre. Y, cómo olvidarlo, Geraldine Chaplin, la hija del gran Charlie Chaplin, en una papel de institutriz británica hecho a su medida.
Los parajes naturales de Asturias son espléndidos, y la fotografía se encarga de que no nos olvidemos nunca de ello. Y algunas de las situaciones tienen, desde luego, bastante gracia. Pero se echa en falta un poco de más de mala leche, un poquito menos de buenismo, algo más de acidez y menos de azúcar. Pero bueno, si se acepta esto (cosa que puede hacerse sin demasiada dificultad…), se puede disfrutar de una película entretenida y agradable.
En definitiva, una opción buena para pasar un rato ameno, despreocupado y simpático. Y que, desde mi humilde opinión, no dejará huella en la retina ni en la mente de ningún espectador…
publicado por Jose María Galindo Pérez el 10 abril, 2011

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