No esperéis nada nuevo ni original, porque en general todos sus recursos están bastante trillados, aunque entretiene y no es demasiado molesta

★★☆☆☆ Mediocre

Caperucita roja (Red riding hood)

A primer golpe de vista, «Caperucita Roja» ofrece pocos atractivos al espectador mayor de 17 años (físicos o mentales, que de todo hay en esta vida); su revisióncrepusculera del célebre cuento que plasmó en papel por primera vez Charles Perrault no puede sino echar para atrás a cualquiera que haya pasado la edad del acné y las hormonas, y ya no digamos a quienes andan bregados en el amplio mundo del cine fantástico. Y sin embargo… Sin embargo, reconozco sin sonrojos que «Caperucita Roja» me ha gustado más de lo que estaba dispuesta a admitir inicialmente. Si bien no puede negarse el ya mencionado tufillo crepusculero -no en vano su directora es Catherine Hardwicke, quien perpetró la primera entrega de la saga protagonizada por los vampiros gusiluz-, lo cierto es que éste no molesta excesivamente. Tal vez sea porque Amanda Seyfried, sin ser una actriz excelsa, resulta mucho más simpática, agradable y creíble que Kristen Stewart; o tal vez, porque los dos protagonistas masculinos, Shiloh Fernandez y Max Irons (hijo de Jeremy Irons), tienen más atractivo y desparpajo que el tristón Robert Pattinson y el madelman Taylor Lautner. Quién sabe. El argumento recrea el cuento de Caperucita Roja en la mejor ubicación temporal que puede dársele: una Edad Media algo difusa, cercana también a la época de la caza de brujas (aunque ésta tuvo lugar siglos después, por mucho que Hollywood se empeñe en mezclar ambas cosas). Nuestra Caperucita Roja, aquí llamada Valerie (Seyfried), vive en una aldea asolada desde hace décadas por un hombre lobo al que los animales ya no satisfacen, y que está atacando a los humanos; claro que, en un principio, eso a Valerie le trae sin cuidado, pues ella está más ocupada en verse a escondidas con el bello siniestro del pueblo, Peter (Fernandez), a pesar de que sus padres quieren casarla con alguien de mayor fortuna, Henry (Irons). Por supuesto, cuando el hombre lobo empiece a diezmar a la aldea, todos tendrán que dejar a un lado sus conflictos, pasiones y secretos para poder sobrevivir. Aunque bastante simplista, la película funciona porque no se alarga más de lo necesario: desde que termina el breve prólogo que sienta la base de la relación entre Valerie y Peter, la película va al grano, o lo que es lo mismo, a la caza del hombre lobo que, por supuesto, es uno de los habitantes del pueblo (nada que no supiéramos ya), y cuya identidad, claro, no se sabrá hasta los últimos minutos del metraje. Huyendo de rodeos, y simplificando al máximo las tramas secundarias (lo que hace que Virginia Madsen y Julie Christie queden un tanto desaprovechadas, sobre todo la primera), consigue que el espectador no se aburra soberanamente contemplando los amoríos post adolescentes del triángulo Peter-Valerie-Henry. También ayudan la correcta fotografía de Mandy Walker y el diseño de producción de Thomas Sanders (responsable de, entre otras, «Drácula de Bram Stoker»«Braveheart» y «Salvar al soldado Ryan», y Dios me libre de comparar ninguna de ellas con «Caperucita Roja»), que crean una atmósfera agobiante a medida que la paranoia se va estableciendo entre los habitantes del pueblo, convenientemente fomentada por el zelote religioso interpretado por Gary Oldman, quien pasa de tener cara de aburrido a padecer de su conocida sobreactuación, convirtiéndose así en uno de los puntos flojos de la película. Por supuesto, no esperéis nada nuevo ni original de «Caperucita Roja», porque en general todos sus recursos están bastante trillados; no obstante, están hilados con cierta gracia y un sentido del ritmo decente, lo cual, una vez más, se convierte en un inesperado punto a su favor. Como no hay nada que nos sorprenda, podemos sentarnos cómodamente a que nos cuenten de nuevo un cuento que, aunque hayamos oído mil veces, nos sigue gustando, a cada uno por sus razones. Por supuesto, está lejos de la que, a mi juicio, es la mejor traslación al cine del cuento: «En compañía de lobos» (1984), de Neil Jordan. Sin embargo, si eliminamos el efecto crepúsculo, no está tan lejos de una muy decente monster movie con historia de amor al fondo como fue «El Pacto de los Lobos» (2001), de Christophe Gans. Sé que algunos van a lapidarme por comparar ambas películas, pero probablemente si «Caperucita Roja» se hubiese rodado en Francia, con unos resultados más o menos similares, nadie se llevaría las manos a la cabeza. Ya sabéis: si se hace en Hollywood, es una bazofia consumista; si se hace en Europa, es arte. Para mí, nada es tan blanco o negro, y, aunque igual mañana lo niego hasta la muerte, la verdad es que «Caperucita Roja» me ha entretenido, al menos durante la hora y media que he estado sentada en el cine. Y después, a otra cosa.
Lo mejor: La ambientación, y las presencias de Virginia Madsen y Julie Christie
Lo peor: La dirección de Catherine Hardwicke, y el personaje de Gary Oldman
publicado por Judith Romero Ruiz el 15 abril, 2011

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