Un episodio histórico sirve a Jonathan English como excusa para filmar una de las películas más violentas en mucho tiempo. Entretiene, que no es poco, y destila buen hacer técnico, pero falla en el aspecto narrativo y de caracterización de personajes

★★★☆☆ Buena

Templario

Correrá la sangre.

Éste, y no otro, es el slogan escogido para figurar en el poster de Templario, y vista la película, quién puede negar que es más cierto que cualquier otra cosa.

Jonathan English, artesano correcto en su dirección, aunque algo nervioso en la filmación de las batallas, dirige la recreación del asedio del castillo de Rochester. Unos pocos defensores de las libertades concedidas a los ingleses en la Magna Carta defienden el bastión sureño de las acometidas del famoso rey John, el monarca que decide arrebatar por la fuerza esas mismas libertades. Hasta ahí la historia. 

Y sí, es innegable que la cinta de English recoge los puntos más importantes de dicho hecho histórico, pero éste queda siempre al servicio de la descripción pura y dura de la violencia que hace la cámara. De hecho, quedan dudas, muchas dudas de si realmente English está interesado en la historia que está narrando, o simplemente necesitaba una excusa para rodar un salvaje fresco de lo que era la guerra en la Edad Media. Desde luego, si usted no soporta la violencia en el cine, piénselo bien antes de ir a ver esta película, y más aún si decide acudir a la sala con sus hijos. Los litros de sangre, vísceras y miembros amputados en pantalla son francamente inacabables. Y ésto no tendría por qué ser malo en sí (de hecho, muchas películas épicas, pseudoépicas o con alguna que otra lucha por ahí pecan de blandas y de "limpias", afectando ello a su realismo). Sin embargo, hay morbo, muchísimo morbo, y hay recreación en las constantes salvajadas. ¿De verdad es necesario ver detallado prístinamente en pantalla cómo se amputan manos (y no una ni dos, además), pies y brazos enteros? Cada cual que conteste…..

No obstante, el problema más grave de la película es que no hay tampoco un interés por identificar al espectador con los personajes. Todos ellos son puros estereotipos, ejemplo de personajes mil veces vistos. El caso más claro es, por supuesto, el de Lady Isabel, de la que uno se pregunta si únicamente está allí porque siempre ha de haber una mujer que tiente y finalmente enamore al protagonista…

Gracias a Dios, el entusiasmo de todo el equipo es tal, el trabajo técnico es tan impecable (maravillosa música de Lorne Balfe, excelentes decorados y vestuario, gran trabajo de fotografía, que ya da mucho de ese aspecto "sucio" y crudo de la película) y los actores resultan tan bien escogidos que el resultado acaba siendo entretenido y muy correcto. Así, los mejores momentos de la cinta son aquellos que protagonizan un James Purefoy simplemente perfecto para el papel de Marshall (y con una mirada que es todo sinceridad) y el joven AneurinBarnard, o los cara a cara entre dos de los más grandes, como son Brian Cox y Paul Giamatti.

Ahí, y no en la sangre derramada, es donde Templario acaba triunfando más.

Lo mejor: El trabajo técnico, excelente, y las interpretaciones de James Purefoy, Brian Cox y Paul Giamatti
Lo peor: No hay matices en los personajes, ni un verdadero interés por contar una historia interesante y/o emocionante
publicado por Alba Viñallonga Cruzado el 1 junio, 2011

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