Matthew Vaughn nos reconcilia con la franquicia mutante, y nos ofrece una estupenda película de superhéroes

★★★★☆ Muy Buena

X-men: primera generación

Cuando hace unos meses aparecieron las primeras imágenes de "X-Men: Primera Generación", todos nos temimos lo peor. La cosa se veía cutre, cutre, y después de aquel horror titulado "X-Men Orígenes: Lobezno" -y de su no menos temible predecesora, "X-Men 3"-, daba grima pensar lo que podía salir de una nueva entrega de las andanzas de los mutantes de la Marvel.

Pero mira por dónde que Matthew Vaughn, realizador de la hiperbólica y divertidísima "Kick Ass", nos ha reconciliado con la franquicia mutante. "X-Men: Primera Generación" se halla en un punto indeterminado entre las dos primeras entregas que firmó un Bryan Singer en estado de gracia, y goza de lo que no tenían las otras dos: un guión en condiciones, una buena dirección, y unos actores solventes. Sin que nada sea magistral ni excelso, todo tiene la factura de un trabajo bien hecho.

La trama nos mete de lleno en la creación de los que serán los X-Men, con un Charles Xavier (McAvoy) joven, con pelo y capacidad de andar, aunque tan zen como siempre -al menos, cuando no está ejerciendo de ligón de bar-, y un Erik Lehnserr (Fassbender) vengativo, torvo e hijo bastardo y oscuro de James Bond (ojo, que Vaughn ya descubrió a un Bond, Daniel Craig, en "Layer Cake"). En plenos años ’60, asistiremos al auge y caída de su amistad y a la primera misión de los X-Men, con la crisis de los misiles de Cuba como telón de fondo.

Sus dos protagonistas principales son un espléndido acierto, aunque eso se magnifica en el caso de Michael Fassbender. El actor de origen alemán se come la película, hasta el punto de convertirse en el protagonista de facto de la misma. Frente a él, James McAvoy aporta su habitual bonhomía y serenidad, empequeñecidas, todo hay que decirlo, por el huracán de ira y mala leche que es el Magneto de Fassbender. Vaughn, además, consigue algo muy difícil: que Kevin Bacon interprete a un villano sin resultar (demasiado) histriónico. Casi resulta difícil reconocer al protagonista de "El Hombre Sin Sombra" en el cínico Sebastian Shaw, parodia maligna pero estupenda de docenas de villanosjamesbondianos de la época en que se ambienta "X-Men: Primera Generación".

Por lo demás, nos encontramos con una estupenda película de evasión, llena de guiños al espectador conocedor de los X-Men comiqueros, pero también a los que han conocido a los mutantes a través del cine; a ese respecto, resulta particularmente divertida la secuencia de "reclutamiento" que Charles y Erik llevan a cabo con los mutantes de su improvisado grupito y que culminará en el cachondísimo cameo de un viejo conocido de la saga (y no, no es Stan Lee). El sentido del humor de Vaughn es ciertamente menos freak que en "Kick Ass", pero no por ello inexistente, y su dirección va al grano, sin entretenerse en chorradas superfluas que puedan lastrar la película. Sus dos horas y poco pasan casi en un suspiro y una sale del cine habiendo pasado un buen rato, que al fin y al cabo es lo que se le pide a una película de estas características. Como decía antes, Vaughn nos ha reconciliado con los mutantes. Bienvenido sea.

Lo mejor: El guión, los actores, el sentido del humor... casi todo
Lo peor: Emma Frost está un poco desaprovechada
publicado por Judith Romero Ruiz el 4 junio, 2011

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