Tiene elementos cinematográficos, y nostálgicos, tan interesantes que configuran una obra a tener muy en cuenta.

★★★☆☆ Buena

Las aventuras de tintín, el secreto del unicornio

Más vale tarde que nunca. Por fin hemos visto la última película del tándem Spielberg-Jackson, en una sala medio vacía justo antes de que la quiten de cartelera. Al menos nos hemos librado de la tortura del 3D, y eso que hemos ganado.
Tenemos que decir que la impresión general es bastante buena. La cinta sobre las aventuras de nuestro reportero favorito —nos declaramos tintinófilos, si es que esa palabra existe, y anunciamos que tenemos toda la colección de los cuentos de Hergé y que los seguimos leyendo una y otra vez sin cansarnos— tiene elementos cinematográficos, y nostálgicos, tan interesantes que configuran una obra a tener muy en cuenta.

Entre los primeros, destaca el ingenioso y elaborado guión. A pesar de ser una adaptación de los cómics dibujados y escritos por Hergé tiene un punto de originalidad cuando el filme consigue desarrollar una historia propia —la de Spielberg— a base de mezclar dos de las obras del dibujante belga y salir airoso del reto sin que se note mucho el “corta y pega”. No se darán cuenta los que no se saben los cómics de memoria y no tendrá demasiada importancia para el resto, cuando la trama sigue una continuidad lógica. En efecto, la unión de “El Secreto del Unicornio” (incluyendo el final de su continuación, “El Tesoro de Rackham el Rojo”) con “El cangrejo de las pinzas de oro”, justo por la parte en la que Tintín se encuentra con el capitán Haddock, queda estupendamente gracias a las muy logradas transiciones entre presente y pasado —lo mejor de la película— que, a su vez, son entre desierto y océano.
Para los aficionados a las aventuras del joven del mechón rubio y el fox terrier blanco hay premio doble: disfrutarán de la película y a la vez del juego que propone Spielberg. A lo largo de todo el metraje, el “mago” insertará continuas referencias al resto de álbumes de Hergé además de los dos citados. Así, podremos observar objetos, artículos, dibujos de personajes y otro tipo de referencias explícitas (esos cristales que se rompen son del “El asunto Tornasol” y la Castafiore no podía faltar) a “La Oreja Rota”, “El Cetro de Ottokar”, “Tintín en el país del Oro Negro”, “Las Joyas de la Castafiore” o, incluso, una divertida y ocurrente referencia al díptico “Objetivo: la Luna” y “Aterrizaje en la Luna”, con el alcohol, Milú y Haddock como protagonistas.

En ese mismo sentido, recomendamos a los que sean igual de perezosos que nosotros y aún no hayan visto el filme que lleguen con tiempo de sobra para no perderse los espectaculares créditos. Forman en sí una nueva aventura de Tintín, pero con las citadas referencias y con una elaborada técnica emulando el mejor estilo de Saul Bass.
A pesar de todo lo anterior —que, insistimos, es suficiente para que la película pase con buena nota—, a la cinta le sobra el último tercio. Spielberg y Jackson no han podido resistir la tentación de incluir los fuegos artificiales habituales de sus películas. Son las persecuciones, peleas y todo tipo de efectos animados utilizados para rentabilizar el 3D y subir el nivel comercial de la cinta aún más; tan sedientos de audiencia se encuentran ambos. Es una pena porque rompe de alguna forma el espíritu de Hergé que ha estado presente a lo largo de los dos tercios restantes. Esos que merecen la pena; por los que nosotros apostamos.
publicado por Ethan el 29 noviembre, 2011

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