Un barco sin rumbo, directo al naufragio.

★★☆☆☆ Mediocre

Amador

Sinopsis.

Una pareja de inmigrantes, Nelson y Marcela, (personajes interpretados por Pietro Sibille y Magaly Solier, respectivamente), viven en un pequeño piso madrileño tratando de salir adelante.

Nelson se dedica a la venta de flores que consigue de una forma de cuestionable legalidad; el negocio apenas le reporta los beneficios necesarios para sobrevivir y prosperar.

Marcela ayuda a Nelson con las flores además de trabajar cuidando a un señor mayor, Amador (al que da vida Celso Bugallo), que apenas se puede mover de su cama. Amador y Marcela establecen una relación de confianza, pero algo inesperado y prematuro sucede, ante lo cual Marcela ha de tomar decisiones y tendrá que asumir sus consecuencias. Ambas vidas quedan ligadas, mucho más de lo que pudiese aparecer.

Crítica.

Fernando León de Aranoa nos sumerge de nuevo en las aguas tranquilas y densas de su cine social, con alta concentración de realidad salina, que escuece, y en las que dentro del aparente pesimismo que flota, siempre hay una escotilla que mira con un catalejo de optimismo y esperanza. Si en  Princesas nos adentra en el mundo de la prostitución, en Los Lunes al Sol nos acerca a la dura realidad del desempleo y en Barrio, la inocente infancia y el emerger de la adolescencia son abordados por el fantasma del maltrato familiar, en esta ocasión el fenómeno de la inmigración y las dificultades del mismo quedan expuestos en esta cinta del año 2010. No obstante, no la podemos elevar a la altura cinematográfica de sus predecesoras, dentro de la filmografía del patrón madrileño, y nos parece alejarse, cual navío a la deriva, de las anteriores Barrio, Los lunes al Sol y Familia.

A nuestro juicio es un film deficiente, aunque tal vez de los más optimistas del cineasta. Es un frágil navío construido con justito guión, ya que adolece de contenido, de pretensiones y casi de justificación. Navega plano de ritmo y sin viento en interpretaciones de cola, lo que hace que la nao transcurra sin rumbo fijo, sin mano de patrón firme que la guíe, sin marineros que la hagan virar hacia lo entretenido. Nada a reseñar de esos marineros que no saben muy bien si se han metido al oficio de pescadores o de piratas, y así es muy difícil transmitir. Ni siquiera un veterano de Flandes, como Celso Bugallo, consigue esquivar ese iceberg llamado desinterés.

Las pequeñas dosis de humor fino, "negro" y profundo que en anteriores cintas son plausibles, aquí están muy lejos de calar. Las redes se extienden, pero no se logra pescar. Ni siquiera se consigue que el mar esté un poco revuelto. Únicamente hay señales de este tipo de pesca, en los minutos que nos regala Fanny de Castro, en su papel de sirena madura, y en las intervenciones de un párroco anclado en el desconocimiento. Lejos del coral y de las perlas que se podían rescatar entre los pecios de Familia y Los Lunes al Sol.

Ambientada en los mares fríos y picados de la inmigración, casi podríamos decir que la trama está bajo cubierta, versando más sobre cómo una mujer tratar de "sobrevivir" y salir de los apuros en los que está inmersa en cada una de las facetas de su vida. Esta mezcla en sí, parece mar propicio para navegar, pero se para cuales aguas calmadas de estuario, que no sabes si son saladas o dulces, si avanzan hacia el mar o prefieren seguir siendo río.

Ese avanzar a bajos nudos, sin viento ni oleaje, nos hace orillar en el margen de la pesadez y en la incomprensión de un metraje tan largo, como en ocasiones impreciso, incomprensible y casi injustificable. Gran parte de la cinta provoca bostezos, desgana y aleja la mente del espectador hacia costas más atractivas, porque en verdad, no se sabe muy bien hacia donde se va encaminando este barco llamado película. Termina por naufragar en las aguas estancadas por las que discurre durante casi dos horas, sin hacer ningún ademán por salir a flote.

A todo en general le falta arrojo, decisión, coraje, osadía, valentía y profundidad. Decepcionante travesía marítima para los ignorantes marineros que, osados, nos lanzamos a surcar las aguas sin más salvavidas ni protección que nuestro escaso intelecto y nulo criterio. Como bien decía uno de los personajes de Los Lunes al Sol, "…pero tú que vas a tener criterio". Efectivamente, no lo tenemos.

Nota general.

2,5 sobre 10.

publicado por Lucas Liz el 24 abril, 2012

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