Este es uno de los análisis más profundos y poéticos sobre la guerra nunca vistos. Aunque más que una película bélica es una película de corazón, con heridas profundas y con un transfondo moral muy sabio.

★★★★★ Excelente

Cartas desde Iwo Jima

Así como los japoneses de Cartas desde Iwo Jima hablan en japonés y no en inglés, aunque sea una película estadounidense, su director, Clint Eastwood también habla otro idioma: el suyo propio. Todos sabemos que el director tiene un estilo clásico, perfeccionista y más bien minimalista. Es el estilo Eastwood, el cual poco se parece con el de muchos otros directores. Su último y aclamado film, el encargado de colcuir el díptico sobre la batalla de Iwo Jima durante la Segunda Guerra Mundial, se llama Cartas desde Iwo Jima, y podríamos decir que es su mejor film después de esa otra obra maestra titulada Million Dollar Baby. No he visto la primera parte de susodicho díptico, la más irregular, según los críticos, Banderas de nuestros padres, pero os aseguro que no creo que haga falta haberla visto para ver la segunda. Es más, creo que es mejor empezar por lo bueno y proseguir con lo que no lo es tanto, aunque quizás me equivoque, y el penúltimo film de Eastwood sea una maravilla, como algunos dicen. Bueno, mejor que deje de comparar y vaya al grano.

Iris Yamahsita y Paul Haggis son los responsables del guión de la película en cuestión. No se podía esperar menos del director de Crash y guionista de Million Dollar Baby, aunque si sólo la hubiera escrito él, supongo que Cartas desde Iwo Jima no hubiera tenido tantas referencias al cine japonés. Y es aquí cuando se nota la presencia de Yamahsita, en las escenas más intimistas (no podéis perderos la secuencia del suicidio colectivo) o más propias de la cultura japonesa. Así pues, la combinación de cada uno de los guionistas hace que esta sea una película con uno de los guiones más sólidos vistos en años, absolutamente creíble, bien coordinado, hecho a medida.
Pero como sabéis, un buen guión cinematográfico ha de estar muy bien dirigido para que el resultado sea una obra maestra, dejando de banda las interpretaciones. Y ahí está nuestro Clint, capaz de ir mejorando a la vez que va envejeciendo (estupendamente, por cierto). Resulta increíble pensar que un hombre empiece actuando en spagetti-westerns de lo más mediocres y acabe ganando más de un Oscar y realizando varias obras maestras. Pues más que creíble es este hecho, el cual le ocurre al señor Clint Eastwood, el cual adapta con extrema sensibilidad el guión de Yamahsita y Haggis y hace de él, un auténtico prodigio llamado Cartas desde Iwo Jima. Junto al sólido guión, la dirección es uno de los puntos fuertes del film, llevada a cabo con una absoluta maestría y auténtico respeto. Es, el film de Eastwood, lo más cercano a la intimidad propia, a la personalidad de la víctima y el vencedor (no me estoy refiriendo a los japoneses y americanos, respectivamente, sino a todos los soldados en general), y no del bueno y el malo. En definitiva, digamos que el director ha realizado su segundo trabajo más intimista, personal, poético, humano y sobre todo con respeto, aunque no le dejaran filmar en la isla propia de Iwo Jima, cosa que encuentro razonable, por mucho que uno venga con buenas intenciones. Hay muchísimas escenas durante estos 141 minutos que son irremediablemente recordables. Para no parecer pesado, sólo nombraré un par o tres, quizás, las que me han parecido más brillantes. La primera podría ser cuando los japoneses cogen a un soldado americano llamado Sam para matarlo. Pero como ven que está demasiado mal, deciden, en vez de acabar con su vida, intentar salvarlo. Como esto, previsiblemente, no ocurre, uno de los soldados japoneses encuentra en el uniforme de Sam una carta de su madre. Éste la lee en voz alta, para que sus compañeros lo oigan e, inevitablemente, se sientan débiles y fuertes, y emprendan coraje y miedo a la vez. Y, precisamente, la frase con que concluye la carta es repetida posteriormente por uno de los japoneses para animar a los suyos. La segunda mejor escena sería, para mí, la del flash-back que el general (interpretado por un maravilloso Ken Watanabe) recuerda durante una parte de la película, donde se ve junto a unos políticos americanos que le regalan una arma por toda su trayectoria. Cuando vuelve a casa en coche, siente una enorme soledad, por mucho que le hayan concebido premios por su honor. Esta es, probablemente, una de las escenas con la mejor frase que se haya visto en una película. Y por último, después de destacar el coraje y la soledad, queda por resaltar el honor, por el cual Eastwood opta por utilizarlo, principal y no únicamente, en la última escena de la película, la más tremenda, la más terrible que se haya visto durante el metraje.

Una vez el general Tadamichi Kuribayashi (Watanabe) está a punto de morir enfrente a unos soldados americanos, los cuales acaban de vencer a los japoneses en la isla, se ve como Saigo (un espléndido Kazunari Ninomiya, el de la foto de abajo) viene con la pala con la que acaba de enterrar todas las cartas pertenecientes a sus companyeros por una de las montañas. Cuando llega al lado del general, éste le dice que lo entierre. Y una vez lo hace, más soldados norte-americanos llegan con tal de arrebatar a Saigo, el cual se aterroriza al ver que uno de ellos lleva el arma que el general llevaba siempre encima (la de la escena mencionada anteriormente). Aquí es cuando se nota la absoluta maestría con la que Eastwood ha abordado la película, dejando, como plano final, una de las playas de la preciosa isla de Iwo Jima.

Señoras y señores, estamos, de una vez por todas, ante una absoluta obra maestra, hecha a medida, hecha con honor y valentía, hecha con una sensibilidad y talento innatos. Clint Eastwood rueda su segundo mejor film, después de Million Dollar Baby, con un ritmo poético, lento, precioso y a veces ruidoso. Y es que, en conclusión, llegaría a afirmar que Cartas desde Iwo Jima es tal maravilla debido a que es imperfecta, lo cual la hace aún más personal. Este es uno de los análisis más profundos y poéticos sobre la guerra nunca vistos. Aunque más que una película bélica es una película de corazón, con heridas profundas y con un transfondo moral muy sabio.
Lo mejor: Prácticamente todo: desde el cuidadísimo guión hasta la talentosa dirección, y no dejando de banda las sublimes interpretaciones de Watanabe, Ninomiya y Ryo Kase.
Lo peor: Que Eastwood hubiera cogido demasiadas referencias de Kurosawa o Inagaki, dejando pues, un film sin personalidad. Afortunadamente, no lo es.
publicado por Ramón Balcells el 4 marzo, 2007

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