La cinta pivota entre el homenaje al legado ideológico de Bobby Kennedy y el recuerdo nostálgico de unos años clave en la historia norteamericana desde el punto de vista político y social.

★★★☆☆ Buena

Bobby

Resulta curioso el cuantioso número de cintas corales que vienen poblando la cartelera últimamente. No quiero pensar que el fenómeno Crash haya sido el detonante del mismo, pero empiezo a sospechar que muchos han elegido tal fórmula atraídos por el tufillo de la estatuilla dorada. Bobby, el tercer largometraje dirigido por Emilio Estévez, también apuesta fuerte por un relato fragmentado siguiendo la estela de una indisimulada influencia reconocida por el propio Estévez, la del maestro de las historias-mosaico, Robert Altman.

La cinta pivota entre el homenaje al legado ideológico del senador Robert Francis ‘Bobby’ Kennedy y el recuerdo nostálgico de unos años clave en la historia norteamericana desde el punto de vista político y social. En aquella etapa nacieron grupos por la liberación femenina, de lucha contra el racismo o el movimiento ‘hippie’, entre otras manifestaciones contraculturales. Además, todo aquel ambiente fue el caldo de cultivo que impulsó la liberación sexual y la experimentación psicodélica con las drogas propias de los 60 y 70. Pero, como también retrata el filme, en aquellos años la población contaba con una fuerte conciencia política espoleada por las protestas contra la guerra de Vietnam. La gente abrigaba francas esperanzas en un cambio para superar los diversos frentes abiertos en su país. Y Bobby Kennedy, como si se tratase del último clavo ardiendo al que agarrarse tras los asesinatos de JFK y Martin Luther King, personificó y aglutinó los anhelos de cambio para un país dividido.

Así, la cinta concentra el relato de las diversas historias personales en torno a la horas previas al asesinato del senador por Nueva York y candidato demócrata a las presidenciales. Las secuencias de cada una de las historias se intercalan unas con otras y con imágenes de archivo de algunos de los discursos y actos públicos de Kennedy. Todas destilan el espíritu de esperanza que impregna el relato, pero sólo algunas consiguen emocionar. Por tanto, los acierto de unas se ven ensombrecidas por la flojedad de otras, y el conjunto del filme quizá se ve lastrado por un exceso de discurso político, pese a que el fondo del mismo sea compartible al cien por cien.

Estévez, con el cómplice respaldo de un pléyade de estrellas y amigos, se ha embarcado en un proyecto muy personal que quizá sea su mejor filme como realizador pero que se queda a varios peldaños de la excelencia.
Lo mejor: Momentos aislados de algunas historias en los que se respira verdadera emoción.
Lo peor: El exceso de discurso y la flojedad de algunas historias lastran al conjunto del filme.
publicado por Matías Cobo el 2 febrero, 2007

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