‘Diamante de sangre’ es un entretenimiento superior a la media del Hollywood de ahora, con un brillantísimo dúo protagonista y facturado con agilidad y brillantez. Lástima que las pretensiones de trascender lo minen en parte al final.

★★★☆☆ Buena

Diamante de sangre

Muchos aún se preguntan por qué Leonardo Di Caprio no ha sido nominado al Oscar por su muy buen trabajo en ‘Infiltrados’. La respuesta está, claro, en ‘Diamante de sangre’, la última película de Edward Zwick, de profesión sus dramas épicos, y excelente vehículo para las interpretaciones de sus dos nominados protagonistas.

En la convulsa Sierra Leona de 1998, la guerra civil se encuentra en su apogeo. Los miles de diamantes de contrabando que salen del país financian por igual a las tropas del gobierno y a los guerrilleros del FUR, y ahogan al pueblo en su propia sangre. Un soldado de fortuna sudafricano, un pescador que busca a su familia y una periodista americana se ven envueltos en la búsqueda de un gran diamante rosado, que puede sacarles del infierno en que se encuentran.

Pocos peros se le pueden poner a Zwick en esta ocasión, quizá los mismos de siempre, pero algo menos. Su estilo (sobre todo su filmografía más conocida) está definido desde su primera gran producción, ‘Tiempos de gloria’: puesta en escena grandilocuente, protagonistas con códigos morales propios que se transforman en medio de grandes conflictos, secundarios que retratan a la gente de a pie… todo muy correcto, muy pulcro, eso sí.

‘Diamante de sangre’ es una vuelta de tuerca a ese esquema, un guiso con todos los ingredientes pero un puntito más crudo. Y menos mal, porque hablar de algo tan tremendo como las masacres en África o los niños soldado precisaba poner toda la carne en el asador. Y Zwick me ha sorprendido al mostrar sin remilgos una de las mayores atrocidades de la actualidad, ver a críos de 10 años fusilando sin piedad aldeas enteras. Bien por él. Pero tampoco remata la faena esta vez.

El tratamiento de la extrema situación que narra es acertado y trepidante en la primera mitad de la película. De la mano de Solomon Vandy (soberbio, potentísimo Djimon Hounsou) conocemos el drama de los millones de refugiados que ven cómo la guerra civil destruye sus vidas en nombre de una revolución que no llega. Más adelante, Danny Archer (excelente Di Caprio con acento sudafricano incluido) surge como el mercenario descreído y egoísta, capaz de sacrificar a cualquiera con tal de conseguir su objetivo. Ambos son supervivientes, en constante peligro y con intereses diferentes, aunque complementarios por momentos. Les diferencia su actitud ante la vida (y la muerte), pero les une su fuerza de voluntad. Y siempre están en tensión, desconfiando uno del otro. Gran pareja, el mayor acierto de la película.

Pero llega un momento, tras mostrar todo el horror de esa guerra, en el que la trama debe avanzar hacia algún lado. Y es ahí donde aparece la reportera Maddy Bowen (correcta Jennifer Conelly), para operar el cambio en el corazón del antihéroe Archer. Es por ahí por donde ‘Diamante de sangre’ pierde fuelle como violenta película de acción para girar hacia la reflexión humanitaria. Y si bien Archer sigue sin perder su esencia de mercenario sin escrúpulos (ver a Di Caprio disparando a bocajarro a niños, por muy armados que estén, es impactante), la película se va preparando para un tercio final que sigue los cánones de Hollywood. Es efectivo, pero deja de arriesgar en lo moral. Y el epílogo, pues bueno, por muy acorde que sea con la historia real, yo creo que sobra. Como película de acción, desde luego, me quedo con la barbarie sin adulterar de ‘Apocalypto’, por muy incorrecta que sea.

En lo técnico, Zwick demuestra que sabe moverse en tinglados de este estilo sin problemas. Cuenta además con la valiosa ayuda de Eduardo Serra en la fotografía, de Dan Weil en el diseño de producción y de James Newton Howard en la música. El resultado es brillante, desde luego.

Total, que en contra de lo que sugería el tópico trailer, ‘Diamante de sangre’ es un entretenimiento superior a la media del Hollywood de ahora, con un brillantísimo dúo protagonista (mejor en V.O., intuyo) y facturado con agilidad y brillantez. Lástima que las pretensiones de trascender lo minen en parte al final. Un 7.
Lo mejor: La potentísima pareja protagonista, el carisma de Di Caprio como el oscuro Danny Archer, y en general la primera mitad del film.
Lo peor: Ese epílogo...
publicado por Plissken el 30 enero, 2007

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